POR UNA BUENA EDUCACIÓN PARA TODOS Y ENTRE TODOS
Creemos en UNA escuela de TODOS, que trabaje por la cultura, por la justicia social; para dar a TODOS la palabra en la sociedad. Una escuela pública y comunitaria; bonita, alegre, optimista, acogedora, abierta y plural; que dé OPORTUNIDADES; que despierte los sueños de nuestra juventud; que cultive la solidaridad, la esperanza y el deseo de aprender haciendo. Para así ser feliz, vivir con dignidad y transformar el mundo. Una escuela para HUMANIZAR y LIBERAR.

martes, 5 de octubre de 2010

5 de octubre. Día internacional de los docentes


Como es el día internacional de los docentes, he releído La carta a una maestra de los alumnos de la escuela de Barbiana.


video



Trozo de "Binta y la gran idea". El maestro de la escuela a la que va Binta explica lo que es una escuela para TODOS






Si... (¿de quién es?)

SI tu corazón late más aprisa viendo a tus alumnos,
SI cada persona es para tí un ser que se debe cultivar,
SI cada hora de clase se ha escapado aprisa,
SI quieres más tu trabajo cada año que pasa,
SI las dificultades inevitables te encuentran sonriente,
SI los padres y los niños dicen que eres amable,
SI tu justicia sabe revestirse de amor,
SI combates el mal pero no al pecador,
SI sabiendo tantas cosas no te crees sabio,
SI sabes volver a estudiar lo que creías saber,
SI en lugar de responder,sabes sobre todo preguntar,
SI sabes ser niño permaneciendo maestro,
SI ante la belleza sabes sorprenderte,
SI tu vida es lección y tu silencio palabra,
SI tus alumnos quieren semejarse a tí, entonces...

TÚ ERES MAESTRO.



Jamás serás maestro
[Fuente: ¡Cuánto aprendemos!]
JAMÁS SERÁS MAESTRO...

Si tu escuela tiene más parentesco con una oficina que con un hogar.

Si tus ojos son dos látigos permanentemente dispuestos para el castigo visual, si tus nervios explotan mil veces al día.

Si tus frases, en vez de caricias, son púas que arañan, si necesitas un rsenal de gritos para tus combates diarios.

Si los niños llegan recelosos a tu escuela, como llegan los enfermos al hospital. y si te aceptan no como un alimento grato, sino como una medicina obligada.

Si tu escuela se abre cinco minutos antes de empezar las clases y se cierra cinco minutos después de la hora reglamentaria. Y si al abrirse parece que bostezaras y al cerrarse que sonrieras.

Si no comprendes que los niños deben jugar en razón inversa a sus edades. Y si los niños se aburren en tu compañía.

Si tu escuela, además de un cuerpo, no tiene alma. Y si únicamente es un taller mecánico del alfabeto.

Si al hablar no encantas a los niños dejándolos como hipnotizados. Y si no sabes hacerte escuchar hasta con los ojos.

Si no comprendes que el alma de cada niño es un libro en blanco en el que éstas escribiendo para toda la vida. Y si, en vez de escribir en ese libro himnos triunfales, te contentas con llenarlo de ramponerías y mediocridades.

Si obtienes licencias sin necesitarlas. Y si trabajas cuando te fiscalizan y cuando se acercan los exámenes.

Si el patio de tu escuela es tan fúnebre como el patio de una cárcel. Y si los recreos, en vez de ser una fiesta para el cuerpo y el espíritu, son lugares donde se sufre frío en invierno, sol en primavera y soledad espiritual en todas las épocas del año.

Jamás serás maestro





EL ARTE DE EDUCAR de Karen Katafiasz

EL ARTE DE EDUCAR
Karen Katafiasz


1. Dedicar tu vida a hacer lo que es realmente importante es una satisfacción, y enseñar lo es.

2. Recuerda a aquellos profesores que influyeron en tu vida positivamente. ¿Qué hicieron? ¿Cómo se las arreglaron para proporcionarte lo que necesitabas? Sigue su ejemplo.

3. Sé consciente de que no sólo estás enseñando una asignatura. Estás abriendo mentes y corazones, estás modelando vidas.

4. Entusiásmate por tus alumnos, por aprender y por vivir, y transmíteles ese entusiasmo. Tanto ellos como tú os enriquecéis enormemente.

5. Apasiónate por la asignatura que enseñas. El entusiasmo es contagioso.

6. Escucha y respeta los sueños de tus alumnos. Y anímalos a alcanzar otros todavía mayores.

7. Los niños necesitan unas pautas de comportamiento, unas reglas adecuadas que les ayuden a aprender y a madurar. Proporciona a tus alumnos normas firmes, justas y coherentes.

8. Actúa con generosidad, justicia e integridad. Así les enseñarás estos valores sin esfuerzo.

9. Organiza bien tu tiempo y serás más eficaz cada día. Si te llevas trabajo a casa, sé consciente de que tendrás que realizarlo. Pero también necesitas tiempo libre para descansar y evitar el estrés.

10. Si pides a tus alumnos que sean responsables tú también debes ser responsable con ellos. Cumple tus compromisos; mantén tus promesas.

11. La enseñanza exige mucha dedicación. Procura cuidarte físicamente. Toma alimentos sanos, haz ejercicio, descansa lo suficiente.

12. Debes cuidarte espiritualmente. En el aula es tan importante como el ejercicio físico.

13. Los alumnos necesitan un ambiente acogedor donde puedan sentirse seguros y respetados. Haz de tu aula ese lugar.

14. Gozas de un gran crédito entre tus alumnos; de ti depende que los niños disfruten o desaprovechen la clase. Usa tu influencia de manera positiva.

15. Enseña a tus alumnos que cometer errores no es tan grave. Los errores no tienen por qué avergonzarnos, más bien nos brindan la posibilidad de aprender a hacer las cosas mejor.

16. A veces encontrarás dificultades en tu relación con alguno de tus alumnos. Averigua cuáles son tus inclinaciones y preferencias y trata de superarlas intentando prestar a cada uno de los niños la misma atención y el mismo trato.

17. Procura aceptar por sí mismos a todos tus alumnos. No siempre podrás admitir su comportamiento, pero sí su propio ser, su existencia misma. Incluso cuando alguno de ellos no te gusten demasiado, si lo intentas, llegarás a quererlos.

18. Piensa que en el corazón y en la mente de tus alumnos pueden existir tensiones: situaciones familiares difíciles, cambio de amistades, incertidumbres, dudas y temores. Acepta a cada uno como persona íntegra que es.

19. Ten en cuenta que para algunos alumnos, el colegio es un alivio, un lugar seguro. Haz que sea realmente un lugar acogedor donde puedan expresarse y ser ellos mismos.

20. Cada día tienes la oportunidad de ofrecer un mundo a tus alumnos; de brindarles conocimientos y experiencias capaces de cambiar sus vidas. Aprovecha estas posibilidades.

21. Ayuda a tus alumnos a descubrir sus dotes personales, a realizarse, a superarse. La satisfacción del éxito conseguido les proporcionará la autoestima que necesitan.

22. La escuela puede ser el lugar donde los alumnos descubran sus propias capacidades y valores y contrarresten las malas influencias de otros ambientes. Dales esta oportunidad.

23. Continúa tu formación. Sigue aprendiendo; desarrolla tus intereses. Vivirás más intensamente y te proporcionará nuevas perspectivas de compartir con tus alumnos.

24. No olvides que tus alumnos están todavía aprendiendo y desarrollándose. Ten paciencia con esas mentes y espíritus en crecimiento.

25. El humor puede ser un excelente instrumento didáctico. Utilízalo con cuidado y prudencia, nunca para humillar.

26. Vigila tu estado de ánimo. Ten en cuenta tus propias necesidades y problemas, de forma que no sean tus alumnos quienes paguen las consecuencias.

27. Apóyate en tus colegas, busca en ellos ayuda, comprensión, consejo y diversión. Pueden ser fuente de sabiduría y energía.

28. Procura sentirte bien contigo mismo; convencerte de tu propia valía. Los demás tendrán un buen concepto de ti si tú mismo lo tienes.

29. Si te sientes seguro, podrás ayudar a los niños a sentirse seguros; si te encuentras a gusto, podrás tranquilizarlos en sus temores. Cuidarte a ti mismo revertirá en favor de tus alumnos.

30. A lo largo del día podrás optar muchas veces por cualquiera de estas alternativas: ensalzar o humillar, motivar o desanimar. Elige conscientemente.

31. Ten en cuenta lo difícil que es ser niño; la fragilidad y vulnerabilidad que padecen en el mundo cuyas normas ignoran todavía, en un mundo donde se sienten inseguros aunque no lo demuestren. Tú puedes ser su guía en ese mundo.

32. En los días difíciles, cuando la moral está por los suelos, recuerda los motivos que te impulsaron a ser profesor. Recuerda las veces en las que estabas completamente convencido de que esa era tu vocación.

33. Tu eres un adulto y tus alumnos son todavía unos niños. Pero reconoce también que tienes un niño en tu interior que reclama tu atención y cuidado. No dejes que el tiempo que tienes que dedicar a ese niño se interponga entre tus alumnos y tú.

34. Ten en cuenta que tus alumnos tienen capacidades diferentes. Utiliza varias técnicas de aprendizaje para desarrollar las distintas aptitudes: verbal, lógica, visual, corporal, musical. interpersonal, personal.

35. Aprecia la singularidad de cada uno de tus alumnos como muestra de la riqueza de la creación. Afirma en cada uno de ellos la variedad de sus talentos, sus diferentes herencias culturales.

36. Infunde confianza a tus alumnos; que se den cuenta de los importantes que son, de que el mundo puede ser mejor porque ellos forman parte de él.

37. Tu influencia en la vida de tus alumnos tiene resultados positivos. ¡Da gracias por ser profesor!

El oficio de maestro

El oficio de maestro es escuchar
acompañar asombros
y vestir los saberes de mañanitas.

Es oficio de maestro es aprender (y aprenderse)
es contar (y contarse)
es soñar (y soñarse) en el festín de estrenar con los niños
la alegría del conocer.

Carmen Díaz Navarro
Proyectando otra escuela


[Fuente: ¡Cuánto aprendemos!]



El decálogo del maestro (¿de Gabriela Mistral?)

EL DECÁLOGO DEL MAESTRO

1. Ama. Si no puedes amar mucho no enseñes a niños.

2. Simplifica. Saber es simplificar sin restar esencia.

3. Insiste. Repite como la naturaleza repite las especies, hasta alcanzar la perfección.

4. Enseña con intención de hermosura porque la hermosura es madre.

5. Maestro sé fervoroso. Para encender lámparas has de llevar fuego en tu corazón.

6. Vivifica tu clase. Cada lección ha de ser viva como un ser.

7. Cultívate. Para dar hay que tener mucho.

8. Acuérdate de que tu oficio no es mercancía, sino que es servicio divino.

9. Antes de dictar tu lección cotidiana, mira a tu corazón y ve si está puro.

10. Piensa que Dios te ha puesto a crear el mundo de mañana.



Algunos pensamientos pedagógicos de Gabriela Misatral

ALGUNOS PENSAMIENTOS PEDAGÓGICOS DE GABRIELA MISTRAL


1. Todo para la escuela; muy poco para nosotros mismos.

2. Enseñad siempre: en el patio y en la calle como en el aula. Enseñad con la actitud, el gesto y la palabra.

3. Vivid las teorías hermosas. Vivid la bondad, la actividad y la honradez profesional.

4. Amenizar la enseñanza con la palabra hermosa, con la anécdota oportuna y la relación de cada conocimiento con la vida.

5. Si no realizamos la igualdad y la cultura dentro de la escuela, ¿dónde podrán exigirse estas cosas?

6. El maestro que no lee tiene que ser mal maestro: ha rebajado su profesión al mecanismo de oficio, al no renovarse espiritualmente.

7. Cada repetición de la orden de un jefe, por bondadosa que sea, es la amonestación y la constatación de una falta.

8. Hay que merecer el empleo cada día. No basta los aciertos ni la actividad ocasionales.

9. Todos los vicios y la mezquindad de un pueblo son vicios de sus maestros.

10. No hay más aristocracia que la de la virtud.

11. Para corregir no hay que temer. El peor maestro es el maestro con miedo.

12. Todo puede decirse, pero hay que dar con la forma. La más acre reprimenda puede hacerse sin deprimir ni envenenar un alma.

13. La enseñanza de los niños es tal vez la forma más alta de buscar a Dios; pero es también la más terrible, en el sentido de tremenda responsabilidad.


"Buen maestro" de
Vitaliano de la Cruz


Buen maestro

De ti aprendí
a sentir el pulso inquieto
de la vida.
A aceptar tolerante
La diferencia.

A fijarme en detalles mínimos
Y a soñar …

También aprendí a respetar
a mis hermanos
a creer con fe buena,
a respirar el aire fresco,
y a rezar …

De ti aprendí,
que la vida es un sueño,
que los ríos van al mar.
Que no vale ser cobarde,
que se puede navegar.

De ti aprendí
a sufrir en silencio.
a gritar por no callar.
A ser libre como el viento,
a esperar y amar.

Gracias mi buen maestro.
Ayer tu imagen, hoy tu ejemplo.
Sembraste hermosos frutos
que nacieron y crecieron.
¡Qué buena cosecha sembraste, maestro!

Vitaliano de la Cruz

"Sembrad" de Cristina Arteaga (religiosa)

SEMBRAD

Sin saber quién recoge,
Sembrad serenos, sin prisas,
Las buenas palabras, acciones, sonrisas...
Sin saber quién recoge, dejad
Que se lleven la siembra las brisas...
Con un gesto que ahuyente el temor,
Abarcad la tierra, en ella se encierra,
La gran esperanza para el sembrador.

¡Abarcad la tierra!
No os importe no ver, germinar
El don de la alegría;
Sin melancolía
Dejar al capricho del viento volar
La siembra de un día.

Las espigas dobles romperán después...
Yo abriré las manos para echar mi grano
Como un armoniosa promesa de miés
En el surco humano
Brindará la tierra su fruto;
En agraz, otros segadores cortarán las flores...
Pero habré cumplido mi deber de paz
Mi misión de amores.

Cristina Arteaga

Blogs que hay que visitar:
Para el año que viene la entrada estará dedicada a "Juan de Mairena" de A. Machado. ¡Qué no se me olvide!

MANIFIESTO DEL MAESTRO de José Antonio Marina

Manifiesto del Maestro         

De los recuerdos de nuestra infancia emerge siempre la clara figura de una maestra o de un maestro, con quien tenemos pendiente una deuda de gratitud. Suele ocurrir que tardamos mucho en darnos cuenta de su influencia benefactora, y para entonces aquellas personas que sirvieron de puente entre la familia y la sociedad, que suavizaron el desamparo de los primeros días de escuela y nos llevaron de la mano por los laberintos del abecedario y la cultura habrán desaparecido ya de nuestras vidas. Un homenaje al maestro puede servir para pagar esta deuda de gratitud. Es por ello un acto de justicia poética.
Pero también es un acto de justicia real, porque tiene que servir para llamar la atención de la sociedad hacia una profesión que, por esa inversión de prestigios que desdichadamente sufrimos, pasa inadvertida o menospreciada. Otras admiraciones más espectaculares nos hacen ser mezquinos al valorar a las personas que nos enseñaron las primeras letras, que nos obligaron, con una conmovedora paciencia, a dominar nuestra atención, tan propensa a irse por las nubes, para fijarla en el encerado o el cuaderno. Para el niño, ellos son los máximos representantes de la cultura, y, para todos, los grandes funcionarios de la Humanidad. Supieron hacernos pasar de un mundo de afectos privados a un mundo de afectos sociales, y nos convirtieron en pequeños ciudadanos, al enseñarnos las normas compartidas.
El maestro necesita autoridad para poder ejercer bien su cometido, y esa autoridad sólo puede recibirla de un generoso y constante apoyo social. Un homenaje al maestro se convierte así en una eficaz colaboración pedagógica. Y también en una demostración de inteligencia ciudadana. La sabiduría de una sociedad, su estatura ética, se demuestra en los modos de conferir prestigios o distinciones. Cuando esos reconocimientos se dan a quienes no los merecen, o dejan de darse a quien los merecía, se produce una corrupción social, un empequeñecimiento que a todos nos empequeñece. Al homenajear al maestro estamos ennobleciendo el espacio de nuestra convivencia.
A los adultos nos invade muchas veces el desaliento ante el futuro, un cierto cansancio de lo porvenir. Entonces deberíamos recordar la figura del maestro, que es el profesional de la esperanza, el incansable, humilde y magnífico cuidador del futuro. Con la misma tenacidad con que el árbol florece en primavera, él volverá a enseñar que dos por dos son cuatro. Nos convendría a todos regresar por un momento a ese ámbito animoso y cordial. Este homenaje puede servir también para reavivar nuestra esperanza.
Por todas estas razones, de justicia, de sabiduría, de propio interés, invitamos a niños y a adultos, a padres e hijos, a participar en un homenaje nacional e intergeneracional al maestro.
JOSÉ ANTONIO MARINA
Septiembre de 2004



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