En este blog intentamos establecer una conexión entre los conceptos: educación, ciencia, ciudadanía, desarrollo comunitario, enriquecimiento cultural, crecimiento personal y cambio social

viernes, 5 de noviembre de 2010

"Algunas ideas sobre Educación", de Albert Einstein


Albert Einstein, siempre estuvo preocupado por la Educación. Quedó muy marcado por los rígidos estudios Prusianos, de los que tenía una opinión pésima,

Esto es lo que dice la Wikipedia al respecto:
 Su paso por el Gymnasium (instituto de bachillerato), sin embargo, no fue muy gratificante: la rigidez y la disciplina militar de los institutos de secundaria de la época de Otto von Bismark le granjearon no pocas polémicas con los profesores: en el Luitpold Gymnasium las cosas llegaron a un punto crítico en 1894, cuando Einstein tenía 15 años. Un nuevo profesor, el Dr. Joseph Degenhart, le dijo que «nunca conseguiría nada en la vida». Cuando Einstein le respondió que «no había cometido ningún delito», el profesor le respondíó: «tu sola presencia aquí mina el respeto que me debe la clase».

 La opinión personal del propio Einstein queda reflejada en esta cita de sus Memorias:

 […] para los exámenes había que embutirse todo ese material en la cabeza, quisieras o no. Semejante coacción tenía efectos tan espantosos, que tras aprobar el examen final se me quitaron las ganas de pensar en problemas científicos durante un año entero. He de decir, sin embargo, que en Suiza sufríamos menos que en muchos otros lugares bajo esta coerción que asfixia el verdadero impulso científico.

[…] En realidad es casi un milagro que los modernos métodos de enseñanza no hayan estrangulado ya la sagrada curiosidad de la investigación, pues, aparte de estímulo, esta delicada planta necesita sobre todo de libertad; sin ésta se marchita indefectiblemente. Es grave error creer que la ilusión de mirar y buscar puede fomentarse a golpe de coacción y sentido del deber. Pienso que incluso a un animal de presa sano se le podría privar de su voracidad si, a punta de látigo, se le obliga continuamente a comer cuando no tiene hambre, y sobre todo si se eligen de manera conveniente los alimentos así ofrecidos.

(A. Einstein, Notas autobiográficas, Madrid, Alianza, 1984, págs. 21-22.)


A continuación recogemos algunas ideas de Einstein sobre educación. Ideas que fue madurando durante toda su vida. La fuente del texto que aperce a continuación es el libro OBRA ESENCIAL DE EINSTEIN. Introducción, selección y edición de José Manuel Sánchez Ron. Editorial Crítica. Madrid. 2005.

En este libro se recoge una conferencia titulada "Algunas ideas sobre Educación" (1936).

A lo largo de ella, Albert Einstein hace algunas reflexiones sobre cómo cree él que debería ser la educación.

A continuación puedes ver el texto completo de la conferencia (que he escaneado y traducido a texto). Después algunos trozos que he seleccionado como muestra del estilo y las ideas que en ella se exponen.

Nos habla Einstein de una escuela que debe transmitir los valores de la Humanidad para crear personas libres, creativas y generosas. Sobre los métodos educativos rechaza el autoritarismo y la competitividad que cree que el éxito es la meta de la vida. Aboga por una educación general y no tanto en una especializada.

Algunas Ideas Sobre Educacion

Como muestra aquí van unos párrafos:

ALGUNAS IDEAS SOBRE EDUCACIÓN
de Albert Einstein


[...]
El método educativo más adecuado siempre ha sido aquel en el cual se exhorta al alumno a actuar en el marco de la realidad. Esto es aplicable tanto al niño de enseñanza primaria que hace sus primeros intentos con la escritura, como a la tesis doctoral que se prepara en una universidad, o a la simple memorización de un poema, la realización de una redacción, la interpretación y la traducción de un texto, la resolución de un problema matemático o la práctica del deporte.

Sin embargo, detrás de un logro siempre existe la motivación, que es la que le da su fundamento y que, a su vez, se fortalece y se alimenta durante la realización de la tarea. Es en esto donde residen las mayores diferencias y éstas son de la máxima importancia para el valor educativo de la escuela. Un mismo trabajo puede tener su origen en el temor y en la coacción, en el deseo ambicioso de autoridad y distinciones, o en el amor por el objeto de esa tarea y en un deseo de verdad y entendimiento, y puede surgir de esa divina curiosidad que siente todo niño sano, pero que a menudo pierde fuerza muy pronto. La influencia educativa que se ejerce sobre el alumno a través de la realización de un mismo trabajo puede ser muy diferente dependiendo de que en la base de ese trabajo haya miedo a sufrir daño, pasión egoísta o deseo de placer y satisfacción. Además, nadie sostendrá que la dirección de la escuela y la actitud de los profesores no ejerce influencia sobre la formación de la base psicológica de los alumnos.

Pienso que lo peor para una escuela es ante todo trabajar con métodos basados en el temor, la obligación por la fuerza y la autoridad artificial. Tal procedimiento destruye los buenos sentimientos, la sinceridad y la confianza en sí mismos de los alumnos. Produce sujetos sumisos. No es de extrañar que este tipo de escuelas sean lo habitual en Alemania y en Rusia. Sé que las escuelas de este país están libres de este grave mal; lo mismo sucede en Suiza y probablemente en todos los países que poseen gobiernos democráticos.

Es relativamente sencillo mantener la escuela libre de este mal, que es el peor de todos. Basta con poner en manos del profesor el menor número posible de medidas coercitivas, de tal modo que la única fuente del respeto del alumno por el profesor sean las cualidades humanas e intelectuales de este último.

El segundo motivo que hemos mencionado, la ambición o, dicho de una manera más suave, el deseo de reconocimiento y consideración, está firmemente arraigado en la naturaleza humana. En ausencia de estímulos mentales de este tipo, la cooperación humana sería completamente imposible; el deseo de recibir la aprobación de los semejantes es ciertamente uno de los poderes aglutinantes que tienen mayor importancia social. En todo este complejo de sentimientos, las fuerzas constructivas y las destructivas se encuentran muy cerca unas de otras. El deseo de aprobación y reconocimiento es un motivo sano; pero el deseo de ser reconocido como mejor, más fuerte o más inteligente que un semejante o un colega conduce fácilmente a un cambio psicológico excesivamente egoísta, que puede llegar a ser perjudicial para el individuo y para la comunidad. Por consiguiente, la escuela y el profesor deben guardarse de utilizar el fácil método de crear ambiciones individuales con el fin de inducir a los alumnos a ser diligentes en el trabajo.

Muchos han citado la teoría darwiniana de la lucha por la existencia y de la selección relacionada con ella, considerando que dicha teoría es una justificación para fomentar el espíritu competitivo. En este sentido, algunos han intentado también demostrar de una manera pseudo-científica la necesidad de la lucha económica destructiva para los individuos que compiten entre sí. Pero esto es un error, porque el hombre debe su fuerza en la lucha por la existencia al hecho de que es un animal que vive en sociedad. Así como una batalla entre algunas hormigas de un hormiguero tiene poco de esencial para la supervivencia, lo mismo sucede cuando se trata de individuos que son miembros de una comunidad humana.

Por consiguiente, hay que guardarse de predicar a los jóvenes el éxito en el sentido habitual como la meta de la vida. Un hombre de éxito es aquel que recibe mucho de sus semejantes, en general incomparablemente más que lo que le correspondería por prestarles servicios. Sin embargo, el valor do un hombre se debe ver en lo que da y no en lo que puede recibir.
[...]
En EDUCACIÓN EN ORCASUR: